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Copywriting para derribar muros infranqueables

No sé si te he contado que antes de dedicarme a esto del copywriting yo trabajaba en una oficina.

Tenía un puesto intermedio y por encima de mí sólo estaba mi jefe, propietario de la empresa. O como le llamarían ahora, el CEO.

Este jefe y yo no habríamos podido ser más distintos. Éramos opuestos en todo.
Noche o día.
Playa o montaña.
Perro o gato.
Caliente o frío.
Lannister o Stark.

Y a pesar de eso, nos llevábamos realmente bien.
Desde luego mucho mejor que compañeros con los que él tenía más afinidades.

Y es que habíamos encontrado el punto de conexión que nos unía y nos mantenía a cada uno en su sitio. En armonía.
Tenemos un humor parecido.

Te explico. A este jefe no le podías llevar la contraria de manera frontal porque levantaba un escudo infranqueable en el que no escuchaba más de lo que le tuvieras que decir.

Pero conocía muy bien sus defectos, y no le importaba que le pincharas un poquito ahí.

Con un ejemplo se entiende mejor: imagínanos en una revisión salarial para la siguiente temporada:
Él: 500 euros por 10 horas de lunes a domingo.
Yo: Apuntado. Y el año que viene cambiamos los 500 por un cuenco de arroz y que den gracias.
Entonces me miraba, me ofrecía una media sonrisa y pasábamos a otra cosa.

Y al día siguiente traía una propuesta salarial más decente.

Si en ese momento yo hubiera dicho algo como “derechos laborales”, “convenio colectivo” o “estatuto de los trabajadores”, él se habría cabreado y yo me habría topado con el muro. Pero le hacía gracia la ironía.

Saber que aquél a quien quieres convencer de algo tiene palabras tabú, que funcionan como un resorte levantando barreras hacia tu mensaje lleva tiempo.

Tienes que conocer muy bien a tu interlocutor.

En el caso del copywriting esto se consigue mediante una investigación muy exhaustiva de tu potencial cliente.

Si quieres que investigue para tu negocio y escriba los textos que eliminan todas las barreras, ponte en contacto conmigo.
Si antes prefieres ver con qué textos podemos empezar, puedes hacerlo aquí.

Un saludo,
R.

PD: Jamás me voy a olvidar del momento en que el corrector me cambió “indicaciones” por “inacciones”. Ahora reviso los textos mil veces antes de publicar nada.