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El misterio del crucifijo y la epifanía de la persuasión

Hoy te escribo desde casa de mis padres.

Con el calor que hace he venido buscando el fresquito del aire acondicionado.
Mi habitación, la de casa de mis padres, sigue teniendo mi escritorio de siempre y es un buen sitio para trabajar.
Es una sensación rara porque ya no es mi casa, pero siempre será mi casa.

Pero algo me acaba de dar muy mal rollo.

En la pared hay un corcho del que cuelgan con chinchetas entradas a conciertos, fotocopias de cómics, fotos del instituto y… un crucifijo.
No tengo ni idea de dónde ha salido el crucifijo.

En mi casa no somos religiosos, nunca ha habido aquí ningún tipo de simbología de este estilo.
Si hay una Biblia es porque yo se la pedí prestada a mi abuela. Había oído que estaba llena de grandes historias y se podía leer perfectamente como una novela.
Una novela difícil, con más muertos que Juego de Tronos.

Voy a preguntarle a mi padre. Ni pajolera idea tiene.
“Pregúntale a mamá, igual se lo ha traído del cole”.

Mi madre trabaja en un colegio y los niños pierden cosas inverosímiles. A veces por despiste se las trae en un bolsillo, pero suelen ser coches del tipo micromachine y gomas de pelo.

Pero ella no sabe de dónde ha salido tampoco.

Vaya un misterio.

Y yo aquí intentado escribir sobre persuasión y copywriting.

Mira, no sé quién ni qué intención tendría el que me dejó este crucifijo colgado de mi corcho, pero te voy a lanzar una idea que puede que desarrolle en algún mail más adelante:
Jesucristo era un conversor (ahora copywriter) de los buenos buenos.

Volviendo a lo nuestro, si quieres que escriba para tu proyecto textos que conviertan en ventas y clics, ponte en contacto conmigo.
Si antes quieres ver por qué textos podemos empezar, puedes hacerlo aquí.

Un saludo,
R.

PD: He creído necesario aclarar hoy cómo convierten los textos que escribo, porque lo de convertir el agua en vino no se me da tan bien como a JC.