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Fiesta de freelances en las playas de Copiapó

Me encantan los cursos que te prometen que podrás trabajar desde la playa.

Absoluta libertad.

Es cierto que en esa afirmación hay un punto de ironía, pero es un puntito pequeño.

De verdad me gustan ese tipo de anuncios.

Me gusta destriparlos, escudriñar los puntos de dolor que tocan, y luego ya saber qué me están vendiendo. Porque ese mismo argumento se utiliza para un montón de productos distintos.
Y todos te cambian la vida.

La realidad es que aunque suene muy bien, y aunque vivas al lado del mar, trabajar en la arena es un engorro.

Como follar en la playa. Muy sexy de imaginar, pero a la hora de la verdad tienes arena en cada pliegue de tu cuerpo. Mejor hacerlo entre sábanas, creo yo.

Imagina tu ordenador, tu herramienta de trabajo con todos los orificios taponados por la arena. El sol no te deja ver la pantalla. No hay luminosidad suficiente en ningún aparato para poder trabajar a gusto. Y paseantes playeros que te dan los buenos días y te sacan de tu trabajo en el momento de más concentración.

Mira aquel surfero, ¡qué hostia se ha dado!

También me encanta trabajar para freelances. De los que quieren o pueden hacerlo desde la playa. De los que te ofrecen un servicio a distancia, o de los que necesitan estar codo a codo con el cliente hasta que queda satisfecho. Y me encanta poder ayudarles a convencer a esos clientes.

Pero yo prefiero concentrarme y trabajar en un escritorio con banda sonora de música de ascensor.

Y dejar la playa para momentos en los que me pueda embadurnar bien de arena haciendo castillos con los sobrinos, jugando con mi perra la chunga o usar todas mis energías en mantenerme de pie sobre la tabla de surf.

Si los textos de tu web te quitan un tiempo precioso que podrías disfrutar al lado del mar, puedo escribir para ti, ponte en contacto conmigo.

Si quieres averiguar con qué textos te puedo echar una mano, descúbrelo aquí.

Un saludo,

R.

PD: A estas alturas del año ya huele a vacaciones.