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Influencers que no aportan y la decrepitud de las redes sociales

Será que me estoy haciendo mayor.
O que no me van las tonterías.

Me encanta hablar con la gente, pero nunca he sido especialmente cotilla.

Uso las redes sociales para reírme de la actualidad, estar al tanto de la actividad de algún colectivo o seguir a quienes suben recetas de cocina y patrones de ganchillo.
Pero si quieres contarme tus vacaciones, nos tomamos una cerveza. No me van a interesar tus fotos de Instagram por mucho que te apellides Kardasian.

No te equivoques, me muevo fenomenal en ese medio, sólo es que me aburre.

Facebook o Twitter le sirven a la gente para embrutecerse, y para conversaciones de besugos, yo me voy a la pescadería.

Instagram es muy bonito. Pero le veo poco contenido.

Sorprendentemente, donde más tiempo paso es en LinkedIn. La gente comparte artículos que piensan que sí tienen un interés para su audiencia, y si hay algo de discusión pretende ser constructiva.
Y cuando la gente aporta, se agradece muchísimo en este mundo de locos.

No tiene nada que ver con la publicidad. A mí me viene fenomenal cuando estoy buscando sillas de comedor y me asaltan unas Eames a un precio que me puedo permitir.

Esto trata más de que hay dos tipos de exposición en redes: lo que aportan o los influencers.

Si un runner necesita unas zapatillas, no se va a comprar las que lleve un tenista por muy admirable que sea. Querrá que le aguanten cinco maratones con sus entrenamientos previos y que sus pies sufran lo menos posible. Con especificaciones técnicas.

Para llegar a ese runner necesitas una carta de ventas, no una foto en Instagram.

Si lo que necesitas comprar son los textos de tu carta de ventas, ponte en contacto conmigo.

Si quieres ver con qué textos podemos empezar, puedes verlo aquí.

Un saludo,
R.

PD: Instagram sirve para otro tipo de cliente, pero investígalo tú que lo mío es convencer con palabras. Cuando necesites mis palabras para vender tu producto también me encargaré de realizar esa investigación.

PD2: Es que justo antes de escribir este mail, me han pasado un artículo sobre una influencer  que a pesar de tener una barbaridad de seguidores, no fue capaz de vender 36 camisetas y perdió el patrocinio. Lo que importa no es la foto, sino los números.